El Dinero como Deuda

Título original: Money as Debt | Ir al vídeo
Tema: Sistema bancario internacional. Evaluación 5/5.
Año 2006. Dur: 47′. Producido por Paul Grignon.
Web: http://www.moneyasdebt.net/

Money as Debt” es el documental más completo que he visto sobre el funcionamiento de nuestro actual sistema bancario y monetario. De una forma comprensible y amena se explica la historia de la banca y el dinero desde sus origenes, así como los mecanismos que permiten a la industria bancaria crear dinero a voluntad mediante préstamos. Esta capacidad otorgada a determinadas instituciones privadas para crear “dinero como deuda” es la clave para explicar el crecimiento exponencial (¿e ilimitado?) de la economía, consecuencia del incremento de la producción y explotación de recursos naturales necesaria para respaldar con algo de valor este dinero inyectado artificialmente a la economía y sus intereses. De este modo, la población mundial acaba por convertirse en esclava de su deuda y se ve obligada a sacrificar buena parte de su vida para hacer frente a los intereses mientras el incremento de la masa monetaria, al inyectarse el dinero prestado en la economía, reduce su poder adquisitivo conforme aumenta la cantidad de dinero en circulación (que causa inflación).

También se plantean preguntas muy interesantes respecto al papel qué juegan los gobiernos en el mantenimiento de esta forma de economía, que permite prestar dinero de la nada y cobrar intereses por ello, y por qué prefieren pedir préstamos a los bancos para conseguir financiación adicional cuando pueden imprimir dinero sin interés y los efectos inflaccionistas de ambas medidas son similares. Entre los argumentos más chocantes destaco la idea de que el pago de todas las deudas produciría la mayor crisis económica de la historia.

En la última parte del documental se abordan medidas para reconducir la economía hacia un modelo sostenible, que no necesite expoliar de forma continua y creciente los recursos naturales ni crear una brecha social creciente entre quienes deben y quienes prestan. Una sociedad donde la banca sea servicio social de interés público, controlado por el estado (esto lo añado yo), que ofrezca préstamos sin interés; y donde la gente se organice en sistemas de intercambio local basados en el trueque, como los bancos de tiempo, para hacer frente a la inevitable crisis financiera que hundirá la economía mundial antes o después. Imprescindible.

Después de ver el vídeo, me parece que lo mínimo que debe hacer cualquier persona consciente de las implicaciones del sistema bancario mundial es poner freno a la expansión crediticia mediante dos sencillas acciones: no solicitar créditos y sacar su dinero del sistema bancario. Son acciones al alcance de todos para reducir la demanda de crédito y los depósitos para concederlos.

A partir de ahora, los ahorros habrá que acumularlos en bienes materiales (bienes inmuebles, metales preciosos) o productivos (una vaca); y acostumbrarse a manejar efectivo, ingresando en el banco el dinero justo para pagar las facturas. De este modo, reduciremos la capacidad de los bancos para seguir creando deuda. No creo que sea buena idea guardar los ahorros en efectivo porque la moneda de curso legal no tiene una equivalencia fija con bienes reales, y su valor depende de la confianza que nos merezca, cada día menos (mira como quemaban los billetes para calentarse en las guerra mundial).

Como reflexión final, os dejo una cita del documental:

“There is no means of avoiding the final collapse of a boom brought about by credit expansion. The alternative is only whether the crisis should come sooner as a result of the voluntary abandonment of further credit expansion, or later as a final and total catastrophe of the currency system involved.”


“No hay forma de evitar el colapso total del crecimiento económico sustentado en la expansión crediticia. Lo único que se puede decidir es si la crisis estallará antes como resultado del abandono voluntario de continuar dicha expansión, o después al colapsarse el sistema monetario afectado” – Ludwig von Mises, “Human Action, A Treatise of Economics” Yale University Press, 1949

Privatizaciones: La ofensiva capitalista contra el Estado del Bienestar

El Neoliberalismo es un ataque directo a los mecanismos de redistribución de la riqueza que se está desarrollando a nivel mundial. En palabras de Naomi Klein, una revuelta de las élites contra los ciudadanos. La meta de esta ofensiva es clara, concentrar todavía más la riqueza en manos de unos pocos, y el principal obstáculo para conseguirlo son los Servicios Públicos, verdaderos pilares del Estado del Bienestar.

Los Servicios Públicos no sólo garantizan a toda la ciudadanía unos mínimos materiales (educación, jubilación, desempleo) y la protección social más básica (sanidad, justicia, fuerzas de seguridad), sino que lo hacen al margen del mercado, anteponiendo criterios sociales (acceso universal y trato igualitario) a la obtención de beneficios (!), sin excluir a nadie de su utilización o consumo (!), y mucho menos por su capacidad económica (!!).

Al estar controlados democraticamente, a través de las Administraciones Públicas, y financiados colectivamente, a través de los impuestos, los Servicios Públicos son la mejor herramienta para proteger el interés general, reducir las desigualdades sociales y para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos universalmente reconocidos… Al fin y al cabo, sin un sistema de sanidad público, ¿cómo se ejerce el derecho a la salud?.

Su utilidad, sin embargo, no se limita a la redistribución social de la riqueza. También dificultan la concentración de poder en la medida en que, al garantizar universalmente las necesidades básicas de los ciudadanos, les permite involucrarse activamente en la vida política y articular alternativas a los planteamientos de las élites económicas. Cuanto menos precarias son las condiciones de vida de la población, más difícil resulta controlarla, hasta el extremo que si el Estado llegara a ofrecer suficientes Servicios Públicos de calidad, el equilibrio de poder en la sociedad cambiaría a favor de la clase trabajadora.

Por estos motivos resulta de máxima prioridad para todos los ciudadanos la defensa de unos Servicios Públicos amplios, de calidad y al margen de la dinámica mercantil. Su existencia, ahora amenazada, supone uno de los logros sociales más significativos en la historia de la humanidad.

Conspiración contra la ciudadanía

El origen de la crisis de los Servicios Públicos se encuentra en la utilización de criterios económicos para gestionar un servicio de naturaleza social, criterios impuestos desde determinadas opciones políticas que pretenden “sanear” las cuentas públicas para alcanzar el equilibrio presupuestario (o déficit cero) y reducir a la vez las cargas fiscales para estimular la inversión privada. Lo que no se cuenta a los ciudadanos es que la reducción del déficit recaudando menos impuestos pasa, necesariamente, por reducir la inversión pública.

Al anteponerse criterios económicos a otros de mayor importancia social, como la calidad del servicio, se inicia un ciclo vicioso de deterioro de los Servicios Públicos. Pronto los recortes presupuestarios se traducen en falta de medios y en el abandono de las infraestructuras de titularidad pública, y tanto la calidad de los servicios como su capacidad de respuesta para afrontar cualquier crisis se reducen considerablemente. Este deterioro (provocado) es utilizado como prueba de la supuesta ineficiencia de la gestión pública y como justificación para la “liberalización” y la “privatización” de los Servicios Públicos.

A pesar de que los estudios de opinión demuestran que la ciudadanía estaría dispuesta a pagar más impuestos si esto se tradujese en una mejora de los Servicios Públicos, los supuestos representantes de la ciudadanía optan sistemáticamente por equilibrar los presupuestos reduciendo la inversión. En vez de incrementar los ingresos a través de una eficiente lucha contra la evasión fiscal y/o mediante un incremento de los impuestos, los poderes públicos optan por el camino fácil, el de los recortes, sin considerar que dicho camino es de una sola dirección, y conduce a la desaparición del Estado del Bienestar.

En vez de redimensionar y reorganizar los recursos productivos, de modo que no falten medios y se atienda a los ciudadanos con normalidad, los poderes públicos delegan en manos privadas la gestión de servicios imprescindibles para el desarrollo humano y la supervivencia, convirtiendo los derechos de los ciudadanos en una mercancía más. Al hacerlo, no sólo se excluye a quienes no tienen recursos para pagar por el ejercicio de sus derechos (seguridad, justicia, sanidad, educación…). También se renuncia al democrático sobre la gestión sobre su gestión, al quedar esta en manos privadas, y se debilita la capacidad del sector público para atender a los ciudadanos en el futuro.

Privatizar beneficios y socializar las pérdidas

Los Servicios Públicos representan el mercado ideal desde la óptica capitalista. Hablamos de “mercados” de productos o servicios de primera necesidad para toda la población que, generalmente, se prestan de manera monopolista por estar basados en infraestructuras tan costosas que sólo el Estado, gracias a los impuestos de los ciudadanos, puede construir y mantener. De privatizarse, las empresas concesionarias de estos servicios obtendrían el control absoluto de estas infraestructuras y de los “mercados” que sustentan, con millones de consumidores cautivos.

Sin embargo, no siempre interesa privatizar todos los Servicios Públicos. Sólo se privatizan aquellos que son más rentables, dejando al sector público la responsabilidad de sufragar los servicios deficitarios sin poder compensar las pérdidas con los beneficios de aquellos que son más rentables (los privatizables). Esto conduce a nuevas crisis y a nuevos recortes presupuestarios, en un ciclo que acaba con el desmantelamiento del Estado del Bienestar y con la supresión, de facto, de los derechos de los ciudadanos.

Así viene ocurriendo en todo el mundo desde que la Organización Mundial del Comercio (OMC) aprobara, como parte de su fundación en 1995, una iniciativa para privatizar los servicios públicos a nivel planetario bajo el nombre de Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS). Entre los objetivos de esta iniciativa se encuentra la privatización de infraestructuras de transportes (aeropuertos, vías férreas, carreteras), redes de telecomunicaciones, la asistencia sanitaria, la educación y todo lo que pueda ser rentable, dejando al sector público aquellos servicios que el mercado no pueda, o no quiera, ofrecer por ser intrínsecamente deficitarios.

La eficiencia social es incompatible con la eficiencia mercantil

Las catastróficas consecuencias sociales de la campaña para la privatización de los servicios del agua, que ya sufren países como Ghana, Méjico, Bolivia o Argentina, ejemplifican a la perfección que la gestión privada de los bienes públicos no beneficia a la sociedad, sino a los accionistas de las empresas gestoras. En el momento en el que se restringe el acceso universal y en igualdad de condiciones a un bien o servicio público (en este caso el agua), sea por el motivo que sea (en este caso, las elevadas tarifas), los ciudadanos pierden la capacidad de ejercer dicho derecho. Y un derecho que no se puede ejercer deja de serlo.

¿Hay algo más ineficiente que hacer una costosa operación médica a una ancianita de 85 años?, ¿o pagar un salario a quien no puede trabajar a causa de un accidente?, ¿o construir una escuela a la que asistirán 5 niños?, ¿o dedicar recursos a proteger la biodiversidad del planeta?, ¿o financiar una investigación sin un fin comercial concreto? Probablemente no… si usamos criterios estrictamente económicos. Por eso es necesaria una gestión pública de los servicios y bienes más necesarios para la vida y el desarrollo de las personas, porque los derechos no son un artículo de lujo ni una mercancía.

Como dijo el premio nobel de medicina, Richard J. Roberts, “el medicamento que cura del todo no es rentable“. Efectivamente, las empresas se caracterizan por su ánimo de lucro, y la industria de la salud no es una excepción. Un cliente vivo es mejor que uno muerto, sobre todo si su salud depende de seguir tomando las medicinas que sólo una empresa producir (las patentes son una forma de privatización del conocimiento humano). Afortunadamente, el gobierno de la India ha tenido la sensatez de no condenar a muerte a millones de personas por cumplir con la legislación internacional de patentes.

Y digo afortunadamente porque, aunque los Estados son entes de tipo político y su misión fundamental es la de fomentar el bienestar colectivo y proteger tanto el interés general como los bienes públicos, los políticos suelen olvidar que entre sus funciones no está la de maximizar los beneficios. Tan hondo han calado las ideas neoliberales entre sus filas que utilizan el término “gasto público” para referirse a la inversión pública en bienestar e igualdad; término que contrasta con la “inversión privada“, que no debe considerarse un gasto porque siempre va dirigida a obtener beneficios.

Sólo el Estado tiene los recursos necesarios y la obligación legal (Art. 9 de la Constitución española) de proteger el interés general y hacer valer los derechos de los ciudadanos, sin importar el precio. Por eso el sector publico es deficitario por definición, y deberíamos alegrarnos de que así sea. Cualquiera que haya trabajado en una empresa privada sabe cómo se logra la eficiencia mercantil: Principalmente a costa de los clientes y de los trabajadores. Por eso me preocupa especialmente de qué manera pretenden mejorar el servicio y obtener beneficios las empresas concesionarias de Servicios Públicos.

¿Te imaginas pagar cada vez que tiras de la cadena? Si la gestión del alcantarillado la realizara una empresa privada seguramente se mediría la cantidad de residuos generados por hogar y se cobrarían en consecuencia. ¿Quién decidiría el precio de este servicio? ¿Qué harías si no puedes pagarlo?

La privatización de la soberanía

Los partidarios de la implantación de medidas tan marcadamente antisociales han encontrado en las instituciones internacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización Mundial del Comercio, excelentes aliados para acelerar la adopción de este nuevo modelo económico a nivel internacional. Desde ellas no sólo se fuerza a los países más débiles a la adopción de “políticas de ajuste” y medidas destinadas a liberalizar los mercados locales como condición para recibir ayudas al desarrollo, también se utilizan como fuente de legitimidad para implantar políticas impopulares sin someterlas al control de la ciudadanía, como el ya citado AGCS, obviando el hecho de que dichas instituciones dependen de los propios gobiernos.

Para sorpresa de algunos, la institución que más está fomentando la transferencia de las funciones y responsabilidades públicas a instituciones con ánimo de lucro, y principal partidaria de la adopción del modelo social de mercado, es… ¡¡¡la Unión Europea!!! El Tratado Constitucional Europeo, muerto y ahora resucitado bajo el nombre de Tratado de Lisboa, no trata de ocultar en ningún momento el hecho de que la integración Europea es una integración de naturaleza económica bajo los principios neoliberales (ver artículos 4.1, 148, 74.3 o 98)

Dictados al son de las empresas transnacionales, este tipo de tratados entre gobiernos tratan de institucionalizar la mercantilización de la sociedad europea sin consultar a los ciudadanos. Resulta llamativo el secretismo, la nula participación ciudadana y la falta de debate social que rodea la redacción y ratificación parlamentaria de medidas que acaban por convertirse en Directivas Europeas, y deben transponerse a la legislación nacional de los Estados miembros. No es de extrañar el desencanto de la ciudadanía con un proceso de integración europea vacío de todo contenido democrático.

Mientras, los partidarios de este modelo de sociedad no dudan en aprovechar cualquier crisis, e incluso provocarlas, para imponerlo. Utilizan la violencia (ya sea pasada, presente o futura) y las catástrofes naturales para desviar la atención de su agenda económica. Valiéndose de la influencia mediática y política de que disponen, mantienen la actualidad lejos de los verdaderos problemas de los ciudadanos mientras implantan cambios estructurales sin someterlos a debate ni responder públicamente a las preguntas más importantes: ¿Cuáles son los objetivos de los cambios? ¿A quien benefician? ¿Cuáles serán sus consecuencias para los ciudadanos?.

Hay cosas que el dinero no puede pagar, para todo lo demás…

La sociedad es la solución práctica que históricamente se ha dado al problema de la necesidad de los demás. La comida que como no la he cultivado yo, ni la he llevado yo hasta mi supermercado (y quizás ni hasta mi casa); la cocino con energía que no he producido ni canalizado, utilizando utensilios que no he fabricado y, lo que es más importante, todas estas actividades son posibles gracias a conocimientos heredados de anteriores generaciones, tecnologías que no he investigado ni conozco. Lo mismo pasa con la ropa, la vivienda, el transporte, la salud…

La sociedad se basa en la solidaridad. En la desigualdad y la injusticia está la semilla del odio y la violencia, por ello es necesaria la intervención del sector público en la economía, ofreciendo una amplia oferta de servicios públicos, que no excluyan a quienes tienen menos recursos ni se limiten a los grandes centros urbanos. Excluir a alguien del disfrute del desarrollo de un país no reduce la conflictividad social, no mejora la cohesión ni aumenta el bienestar general. No nos podemos permitir dejar atrás a nadie.

La mejor defensa contra la ofensiva privatizadora neoliberal es el conocimiento: Saber qué está pasando y por qué. De este modo, podremos responder a las crisis con propuestas alternativas a las soluciones que interesan imponer. Resistir en vez aceptar el mundo que han planeado para nosotros. Frente a la opción privatizadora debemos defender la “socialización” de los servicios públicos, de modo que sean los ciudadanos / usuarios quienes decidan la forma de organización, el funcionamiento y la finalidad de los mismos, autogestionándolos en colaboración con los trabajadores que los prestan.

La opacidad de la gestión privada suele ser el mejor caldo de cultivo para la corrupción y el tráfico de influencias, y suele traducirse en reducción de calidad, aumentos de precios, precariedad laboral y destrucción del medio ambiente. Por eso, ante el primer signo de deterioro de los servicios públicos es necesario organizar una contestación ciudadana constante para reclamar el restablecimiento y mejora del servicio afectado. Dicha reclamación debe incidir primeramente en una adecuada dotación presupuestaria por parte de la Administración responsable, pero también en la reorganización de los procesos productivos, el establecimiento de una gestión orientada al servicio y al ciudadano, y de la salvaguarda de los puestos de trabajo.

Desconfía de quienes defienden la gestión privada de los servicios públicos, porque no pretenden ayudarte. Desconfía especialmente de los políticos partidarios de este tipo de medidas, y de las instituciones supranacionales, no sometidas al control democrático que restringen el desarrollo de políticas en favor de los intereses de la ciudadanía dentro de países soberanos, empezando por la Comisión Europea, órgano ejecutivo con facultades legislativas y “policiales” cuyos comisarios, supuestamente independientes, son elegidos por los Gobiernos, sin participación ciudadana.

Sólo una presión ciudadana fuerte y constante puede frenar la destrucción del estado del Bienestar. Por ello es necesaria tu colaboración para reconquistar ideológicamente los poderes del estado y contestar, en la calles y en las urnas, toda iniciativa privatizadora que se intente llevar a cabo. Espero que no vaciles en unirte a la resistencia altermundista, antes de que sea tarde.

Introducción a la lucha de clases

Ricardo Llevata escribió (no recuerdo dónde lo hizo, ni quién es, porque este post es del año 2000, recuperado de las profundidades de mi disco duro):

[…] La única riqueza que puede establecer distinciones entre los seres humanos sólo puede proceder de la “transformación” de las materias primas por medio del trabajo, esa es la única riqueza que contiene un substrato “mercantil”. Sólo se pueden vender “mercancías”, no naturaleza sin transformar.

El trigo, la harina, los minerales… son materias primas sin transformar que, pese a representar una mínima parte de la riqueza global (en términos del capital que movilizan), siguen sustentando la economía mundial y a la sociedad en la que se desarrolla… al menos mientras los humanos sigamos viviendo como hasta ahora. La riqueza puede o no crearse, pero la materia no puede: Para hacer un microprocesador de 120 Euros hace falta comprar silicio, bastante más barato, por cierto.

Por lo tanto, tendrían que ser los trabajadores, que convierten un no-valor previo en un valor-mercancía los que se enriqueciesen con su trabajo. Pero ello no es así porque existe algo que se llama “explotación” y que determina que el capitalista “compra” el trabajo asalariado por un valor-precio muy inferior al que su utilización le reporta al vender en forma de precio-mercancía. El trabajo es una mercancía más que, utilizada por los previamente ricos, los enriquece aún más, sin que ello conlleve para los asalariados más que el derecho a una supervivencia, más o menos digna, mediante la nómina.

Esto ocurre porque las personas normales, con una posesión de riqueza limitada, no disponemos de los medios necesarios para la creación de riqueza transformando materias primas mediante nuestro trabajo. Por ello, nos vemos obligados a vender nuestra capacidad laboral a un empresario, capaz de movilizar esos medios de producción, para no morirnos de hambre.

El empresario, que sabe que necesitamos crear riqueza para subsistir pero no disponemos de los medios para tal creación, ofrece empleos como operador de sus medios de producción a cambio de una pequeña parte de la riqueza creada en función de la “participación” que cada uno tiene en el proceso, que incluye la compra de la maquinaria (oficinas, ordenadores, programas, mobiliario, luz, teléfono… ).

Aprovecha que el trabajador se encuentra en inferioridad y le roba, amparado por la legalidad y el orden social, una buena parte del beneficio que le corresponde a este. Sólo la liberalización de los medios de producción (haciendo que todos los trabajadores tengan la misma participación en la empresa, es decir, que la empresa sea de todos los trabajadores y no los trabajadores de la empresa) puede acabar con este orden laboral tan injusto que sigue siendo el mismo (en sus principios básicos) desde la Revolución Industrial, aunque se haya suavizado mediante iniciativas como la co-participación de los trabajadores en la gestión de la empresa o la “Responsabilidad Social Empresarial“.

EL TRABAJO ES LA FUENTE DE TODA RIQUEZA. Pero esa riqueza queda en manos de los capitalistas. Ese es, en esencia y hasta ahora, el funcionamiento del sistema. Y, por tanto, no podrían existir ricos-capitalistas sin pobres-asalariados (¿a quién explotar, entonces?). La Riqueza y la Pobreza son conceptos vivos y concretos que no pueden existir el uno sin el otro. En un modelo social más igualitario, sin explotación, la idea del “rico” resultaría tan absurda como la idea del “pobre”. Sólo se puede ser más rico “que alguien” y, sí no existe el término “pobre”, la idea-comparación de riqueza” pierde toda virtualidad.

En mi opinión, hoy en día es la riqueza la fuente de toda riqueza, puesto que donde no hay riqueza no se puede transformar nada: por falta de medios o por falta de materia prima. La Bolsa sube, pero sólo ganan aquellos que tienen dinero suficiente para invertir en ella; los bancos incrementan sus beneficios, mientras sus empleados malviven subcontratados. En definitiva, es el que tiene la riqueza el que puede movilizar los medios suficientes para crear más, en un torbellino vicioso al que la gente normal no puede acceder con facilidad (el mundo empresarial) o, si lo hace, asumiendo grandes riesgos.

Evidentemente, los términos “rico-pobre”, en cuanto que se refieren a una comparación de los niveles de riqueza, son mutuamente dependientes. Sin embargo, esto no implica que sólo puedan ser ricos unos pocos y pobres el resto. La aplicación práctica de estas ideas podría hacer que la distribución piramidal de la riqueza derivada del capitalismo se trasformara en una estructura elipsoidal más justa (aunque siempre habrá ricos y pobres).

“Sí hay ricos es porque hay pobres. Y lo triste es que los ricos lo son a costa de los pobres. ” (Karl Marx).

Que gran verdad, lástima que nadie haga nada al respecto.

La evasión fiscal causa las desigualdades en el mundo

Habiendo transcurrido la mitad del plazo para alcanzar los objetivos del milenio, Naciones Unidas anuncia que es improbable que consigamos reducir la pobreza a la mitad en 2015. Entre los motivos para el previsible fracaso figura la falta de financiación, ya que sólo 5 países dedican el 0.7% del PIB a este proyecto.

Según los cálculos de la ONU, una inversión anual de 195.000 millones de dólares sería suficiente para reducir a la mitad la pobreza del mundo en 2015. Esta cantidad tan sólo representa el 0,54% del PIB de los países donantes, y resulta ridícula (el 16%) si la comparamos con el presupuesto militar anual (1,2 billones de dólares al año en 2007. Por cierto, un 33% mayor que durante la guerra fría).

A la vista de cuáles son las prioridades de los políticos de los países desarrollados para invertir sus presupuestos, ¿de donde sacar el dinero necesario para acabar con la pobreza? La respuesta es sencilla: De los impuestos que dejan de pagar las empresas transnacionales y las personas ricas que utilizan los paraísos fiscales para ocultar su dinero.

El informe anual 2006 de Social Watch señala que, “Si se detuviera la evasión fiscal de los inversores extranjeros y las élites locales, la lucha contra la pobreza podría ser financiada de manera efectiva”. Por su parte, la Red de Justicia Global, en su documento divulgativo “Hacednos pagar impuestos si podéis” (muy recomendable), cuantifica en 255.000 millones de dólares anuales los impuestos que dejan de pagar los “11.5 billones de dólares de la riqueza personal de individuos ricos”, que “se mantienen en […] centros financieros extraterritoriales […] para reducir al mínimo los impuestos o para evitar pagarlos […]”.

Es decir, que si las personas que tienen su patrimonio en paraísos fiscales “pagaran impuestos en los países donde residen […] o donde obtienen sus riquezas, la recaudación tributaria adicional disponible para la financiación de servicios públicos y para la inversión en todo el mundo” sería suficiente para alcanzar los objetivos del milenio… ¡¡¡y en los cálculos no se incluyen las empresas!!!. Queda claro que hay dinero suficiente para arreglar los problemas del mundo. Tan sólo es necesario, como comenta el coordinador de Naciones Unidas en España, voluntad política por parte de los países.

La distribución desigual de la riqueza

En diciembre de 2006 el Instituto Mundial para la Investigación de Desarrollo Económico de la Universidad de las Naciones Unidas publicó un estudio en el que se concluía que el 2%
más rico de la población posee la mitad de la riqueza mundial
. Ese mismo estudio ilustraba con un interesante mapamundi los niveles de riqueza globales en 2000, que confirman los datos existentes previamente de que el 20% de la población acapara entre el 70% y el 90% de la producción mundial, como ilustra el gráfico.

Esta distribución tan drásticamente desigual es la prueba más palpable de la existencia de mecanismos de transferencia de riqueza desde los países más pobres hacia los más ricos: Los paraísos fiscales.

Los paraísos fiscales causan pobreza

A raíz de la culminación del proceso de Descolonización (tras la Segunda Guerra Mundial) se desarrollaron los actuales canales para facilitar el movimiento ilegal de capitales. Inicialmente ideados para permitir a líderes políticos y empresarios sacar sus fortunas de los nuevos países que iban logrando su independencia de las potencias colonizadoras, hoy en día estos canales sirven por igual para esconder y blanquear el dinero procedente de la corrupción, de actividades ilegales y de la evasión de impuestos en transacciones comerciales.

Estos canales ofrecen, a aquellos que pueden permitírselo, una gran variedad de servicios de planificación fiscal internacional diseñados para mover capitales de forma ilícita alrededor del mundo y evitar (o al menos minimizar) el pago de impuestos aprovechando las ventajas que ofrecen los denominados paraísos fiscales: Desde la exención del pago del impuesto sobre la renta para las personas físicas (Andorra, Mónaco, Somalia, Quatar, Arabia Saudi, Kuwait, Uruguay), hasta impuestos bajos (10% en Macedonia y Bulgaria, 10%-12% en Irlanda) o inexistentes (Bermudas, Emiratos Árabes Unidos) para las empresas.

El auge de la evasión fiscal ha sido tal, que el número de paraísos fiscales ha pasado de unos 25 a principios de los años 1970s hasta los 72 paraísos fiscales reconocidos en la actualidad, muchos de ellos ligados estrechamente, tanto política como económicamente a los países de la OCDE, y en especial al Reino Unido. De hecho, de los lugares identificados como paraísos fiscales, un 19% dependen directamente del Reino Unido (son Dependencias de la corona británica o territorio británico), un 30% son Estados perteneciente a la Commonwealth británica (anteriormente parte del Imperio Británico), y un 10% ex-colonias británicas. En total, casi el 60% están o han estado vinculados con el Reino Unido.

Se estima que el movimiento transfronterizo de ingresos derivados de actividades delictivas, corrupción y evasión de impuestos oscila entre 1 y 1,6 billones de dólares anuales, la mitad de los cuales proviene de las economías en desarrollo y en transición. Según este cálculo, originariamente realizado por Raymond W. Baker, el 3% de esa cantidad anual proviene de la corrupción y un tercio de actividades ilegales. El resto, casi dos tercios, es evasión fiscal.

¿Y esto en qué me afecta a mí?

Los impuestos sirven para financiar los servicios públicos. En consecuencia, tanto la fuga de capitales como la evasión fiscal merman la capacidad estatal para financiar los servicios e infraestructuras públicas, lo cual perjudica seriamente a los ciudadanos de dos formas complementarias.

En primer lugar, porque se traslada la carga fiscal hacia los colectivos sin movilidad internacional, quienes no pueden escapar de las medidas compensatorias que los gobiernos deben adoptar para mantener el bienestar social. Estos colectivos, que deberían pagar menos impuestos que quienes no cumplen con sus obligaciones fiscales, deben asumir la parte correspondiente de los evasores a través de impuestos indirectos sobre el consumo.

Este tipo de impuestos ofrecen a los Estados la posibilidad de controlar fácilmente la recaudación, puesto que su gestión se realiza enteramente dentro del territorio nacional y resultan más difíciles de evadir al amparo de la ley. Por contra, estos impuestos, como el IVA (y próximamente el IBA), se aplican por igual a todas las personas, teniendo que pagarlos incluso a aquellas cuyo nivel de ingresos está por debajo del umbral que exime del pago del impuesto sobre la Renta.

Cuando no es posible compensar el déficit producido por la fuga de capitales mediante impuestos, los gobiernos no suelen tener otra alternativa que recortar el gasto público y privatizar servicios como la sanidad o la educación. De esta manera se excluye a los colectivos que más utilizan estos servicios (mujeres, ancianos y niños) del disfrute del crecimiento económico que les rodea, y se incrementan las desigualdades entre ricos y pobres.

Deberían ser los ciudadanos quienes eligieran tener una buena oferta de servicios públicos a costa de más impuestos, o pagar menos impuestos a costa de sacrificar servicios sociales. La alternativa que proponen los evasores de impuestos (y el neoliberalismo en general) es que los ciudadanos paguen más impuestos por menos servicios sociales, lo cual supone un fuerte freno para el desarrollo y un ataque directo a la soberanía de las naciones.

En nuestra faceta de consumidores, también nos vemos perjudicados por los paraísos fiscales en la medida en que falsean la competencia en el mercado. Las empresas transnacionales pueden, mediante lo que se denomina transferencia de precios, declarar sus beneficios en la jurisdicción en que se exija pagar menos impuestos y así disponer de más capital para acelerar su expansión. De esta manera, obtienen recursos para competir con ventaja en los mercados locales contra las pequeñas empresas (que no tienen acceso a los paraísos), y se aprovechan de las infraestructuras públicas, que utilizan en sus actividades pero no financian con sus impuestos.

Varias fuentes estiman que la mitad del comercio mundial pasa por los paraísos fiscales, a pesar de que estos lugares representan apenas un 3% del producto bruto mundial.

¿Y qué hacen los gobiernos al respecto?

La dimensión del problema que genera la movilidad internacional de capital hace necesario abordarlo desde la cooperación internacional, e involucrando a todas las naciones del mundo. Mientras quede un resquicio, el dinero se fugará por él.

Para una lucha eficiente contra la evasión fiscal sería necesario el intercambio automático de información fiscal entre todos los países, y la creación de impuestos globales que, por ejemplo, haga que las empresas tributen por los beneficios allí donde realmente se generan. Para la aplicación de todas estas medidas, sería necesaria la creación de una Agencia Tributaria Internacional.

Desgraciadamente, hasta la fecha todas las iniciativas para luchar contra la evasión fiscal han sido frenadas por la negativa de los paraísos fiscales a cooperar.

Estas jurisdicciones (muchas ni siquiera son Estados), que en su día hicieron de las ventajas fiscales y la opacidad el eje central de su estrategia de desarrollo, hoy en día dependen por completo de los capitales extranjeros que llegan atraídos por dichas medidas.

Dadas sus limitadas posibilidades económicas (generalmente se trata de territorios pequeños, poco habitados, mal comunicados y sin recursos que explotar), y la increíble cantidad de riqueza que genera la industria de servicios financieros que han creado artificialmente, resulta difícil imaginar que tengan interés en cooperar con el resto de la comunidad internacional.

En su lugar, los paraísos fiscales optan por competir entre ellos, ofreciendo ventajas fiscales crecientes para atraer y retener las inversiones de capital, a las empresas transnacionales y a las grandes fortunas de las que dependen sus economías. Esta carrera a la baja, que llevada a su último extremo acabaría por suprimir los impuestos para los usuarios de paraísos fiscales, no sólo reduce la recaudación fiscal en otros Estados (especialmente los vecinos), sino que desvía las inversiones hacia aquellas economías que más subvenciones ofrecen, dejando de lado los criterios productivos.

En esa misma carrera a la baja también se ven obligados a participar muchas naciones subdesarrolladas o en vías de desarrollo. En este caso, no por decisión propia, sino por la presión de organismos supranacionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), que condicionan la obtención de ayudas financieras a la aprobación de reformas fiscales que reduzcan los tipos impositivos y hagan “más competitivas” las economías de estos países.

En estos casos, no se trata de crear refugios para el dinero, sino de regularizar y acelerar el expolio que sufren estos países mediante la imposición de un programa político y económico que les es ajeno. A cambio de renunciar a la soberanía sobre su economía, los países receptores de ayudas son recompensados con créditos que acaban generando una creciente deuda externa por la acumulación de intereses, como pasa con las hipotecas.

El ejemplo más sangrante de esta realidad lo constituye el Banco Mundial. Pese a definirse como una organización que ofrece asistencia financiera y técnica a los países en desarrollo para reducir la pobreza en el mundo y mejorar los niveles de vida de la gente, en realidad obtiene beneficios a costa de los países pobres, como recientemente ha denunciado SocialWatch. Especialmente revelador sobre la verdadera finalidad del BM y el FMI es saber que el objetivo de su programa conjunto de Alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados es “reducir a niveles sostenibles la carga de la deuda externa de los países pobres más endeudados”. Ya no es necesario mantener un imperio colonial cuando se puede someter a los países económicamente, de forma indefinida y al amparo de Naciones Unidas, mediante ayudas que acaban por causar más subdesarrollo, en vez de combatirlo.

Estos gobiernos, además, tienen que soportar el chantaje de las empresas transnacionales. Estas empresas, atraídas inicialmente por la situación favorable para la inversión, no dudan en trasladarse a otros países tan pronto como se pueda justificar en términos de rentabilidad, sin importarles los compromisos adquiridos previamente. Por eso amenazan a los gobiernos con deslocalizar sus centros productivos a otros países si no mejoran el trato fiscal que reciben (mediante ventajas fiscales y/o subvenciones). Tanto si cede como si no, el Estado afectado dejará de recaudar una importante cantidad de dinero en concepto de impuestos.

Queda claro que subvencionar la inversión (ya sea privada, pública, local o extranjera) no es una forma sostenible de hacer crecer una economía. Las actividades que sólo son rentables gracias a las subvenciones que reciben del Estado no sólo no contribuyen al crecimiento económico, sino que lo ponen en peligro.

Receta para un mundo más justo

1. Paga todos los impuestos que te correspondan. Como en todo, hay que empezar con uno mismo y predicar con el ejemplo. En algún momento de tu vida tendrás que someterte a una operación “importante”, de esas que recomiendan hacer por la seguridad social y que no cubren lo seguros privados. Querrás que tus hijos/sobrinos/nietos vayan a una guardería/escuela/universidad, aunque no puedas pagarla. Te irás de viaje por carreteras sin pagar peaje. Tirarás de la cadena… Todos los servicios públicos cuestan dinero: aunque no nos cobren nada al utilizarlos los pagamos con nuestros impuestos.

2. Infórmate. La evasión fiscal es sólo una de los múltiples frentes que anuncian la llegada de un nuevo orden mundial: Una nueva sociedad diseñada por y para una minoría bien organizada, que pretende vivir mejor que nadie a costa de los demás, como en los buenos tiempos (feudales).

Su ideología ya se ha impuesto en las mentes de los futuros oprimidos en la medida en que pensemos en la educación como una forma para “ser competitivos en el mercado laboral”, en comprar una casa “como una inversión, que se revalorizará en los próximos años”, o en la privatización como una solución para “reducir el gasto público y aumentar la calidad y eficiencia del servicio”.

Frente a esta línea de pensamiento se opone el movimiento altermundista, cuyas propuestas, como la Renta Básica o la Tasa Tobin, se basan en ideales opuestos a los del neoliberalismo:“Libertad, igualdad y justicia”.

3. Pasa a la acción. Quien no defiende sus derechos acabará por perderlos, así que tendremos que hacer algo para frenar el desarrollo del mundo que se nos avecina. El cambio ya se inició hace tiempo en la periferia del sistema, donde no nos afecta y difícilmente lo veremos hasta que se haya generalizado.

Sólo una presión ciudadana fuerte y constante puede invertir el proceso. Por ello es de vital importancia concienciar al prójimo. Ya sea por tu cuenta, o como parte de una de las muchas asociaciones con objetivos afines a nivel local, nacional o internacional.

También es crítico votar a representantes que tengan estos problemas en sus prioridades. No busquéis en los programas de las formaciones políticas mayoritarias, ya que han tenido tiempo para haber atajado el problema, y son las que han permitido que lleguemos hasta la situación actual. Existe una gran variedad de formaciones políticas, de todos los colores y sabores.

No dudes en votar a estas pequeñas formaciones. A diferencia de lo que (erróneamente) creen algunos, no estaréis tirando el voto sino votando por el “verdadero” Cambio. Un cambio de base, no más de lo mismo.

Por último, recordad: Otro mundo es posible… y cada día más necesario. Así que manos a la obra.

Análisis del coste de las hipotecas en España

A todo el mundo le llega el día en que se plantea la posibilidad de comprar una casa. Empieza a mirar pisos y a hacer cuentas para ver de dónde sacar todo el dinero para la que, sin duda, será la compra más importante de su vida (tanto por la cuantía del importe como por la trascendencia de la elección. Por esto me sorprende observar como muchas personas no dedican el esfuerzo necesario a cuantificar las consecuencias futuras de su decisión. ¿Sabías que en una hipoteca a 32 años al 5% (EURIBOR + 0,5%) pagas dos veces tu casa?

Aunque los expertos recomiendan el crédito como fuente de financiación, lo cierto es que es muy diferente solicitar un crédito para invertir el dinero (y generar más dinero a un ritmo superior al que se acumulan los intereses) que solicitarlo para gastarlo. En este segundo caso, asumimos un sobrecoste considerable por disponer de un dinero que no tenemos. A continuación encontrarás resumido el análisis que debería realizar cualquier persona que piense en pedir una hipoteca, así como una hoja de cálculo muy reveladora sobre el coste real de gastar un dinero del que no disponemos. Como veréis, ser pobre resulta muy caro.

¿Cuál es tu capacidad de endeudamiento?

Resulta muy interesante realizar el ejercicio de calcular cuánto dinero vamos a ganar en toda nuestra vida para comprobar hasta dónde podemos endeudarnos para comprar una casa. Veámoslo en el ejemplo de un joven de 20 años, sin ahorros, con un trabajo estable y un sueldo medio.

En España, el salario medio en 2005 fue de 23.730€ brutos al año, lo que representa 18.651,84€/año después de impuestos. Esta cifra no ha variado sustancialmente desde 1997 (de hecho, ha bajado teniendo en cuenta el incremento del IPC).

De esa cifra hay que descontar los gastos mínimos para vivir. Según mis cálculos, unos 450€ mensuales sería suficientes para subsistir decentemente (sin contar el coste del alojamiento) siempre que no tengamos personas a nuestro cargo y seamos MUY ahorradores. Esta cifra, que supone 5.400€ al año, esta medio camino entre el mínimo vital de la declaración de la renta y el Salario Mínimo. Una vez descontada tendremos 13.251,84 al año para lo que queramos.

Si este joven del ejemplo, que a muchos les parecerá que está triunfando en la vida, trabajase hasta los 70 años (edad de jubilación probable cuando la alcance), sin estar en paro ni un sólo mes de su vida y recibiendo anualmente un aumento de sueldo equivalente al IPC, al llegar a su jubilación habrá generado un total de 662.592€.

De esta bonita suma no todo va a ser para la vivienda. Habrá que salir los fines de semana, hacer alguna actividad cultural, irse de vacaciones, quizá comprar un coche, casarse, tener hijos… esas cosillas. Los expertos recomiendan a las familias no endeudarse por encima del 33% de sus ingresos, lo cual en nuestro ejemplo supone no gastar más de 307.755,36€ en la hipoteca, 615.510,72€ en el caso de comprar la casa con otra persona que también trabaje en idénticas condiciones (en este caso, la pareja de la persona del ejemplo). Insisto en que estas son cifras máximas para quienes vivan con lo mínimo y sin personas a su cargo.

¿Cuánto cuesta una hipoteca?

La hipoteca es un préstamo que se otorga, a un tipo de interés preferente, para comprar un bien de primera necesidad. Como todo préstamo, genera intereses cada año, por lo que, a mayor plazo de amortización, mayor será la cantidad de intereses a pagar. A la mayoría de las personas se le escapa este detalle, pero la acumulación de intereses en el tiempo tiene un efecto exponencial en el coste del préstamo. Si no lo crees, multiplica la cuota mensual por el número de mensualidades de cualquier cosa que hayas pagado a plazos (o la hipoteca que te dispones a firmar) y compáralo con el precio inicial… Sorprendente, ¿verdad?. Como ya he dicho antes, ser pobre sale muy caro, y claro, así no hay quien salga de la pobreza.

La variable que más influye en el precio del préstamo es el tipo de interés al que está referenciado. A finales de 2006 el numero de hipotecas firmadas a interés variable era del 99%, y el tipo medio el 4%. Sin embargo, dado que el tipo de interés es variable y el plazo tan largo, conviene hacer cualquier previsión teniendo en cuenta las fluctuaciones probables de los tipos. Conviene tener en cuenta que el tipo de interés medio para préstamos hipotecario a más de 3 años entre 1990 y 2006 ha estado a una media del 7,79%, que el EURIBOR no para de subir (en junio de 2007 alcanzó el 4,5%) y, aun así, sigue estando mucho más cerca del mínimo histórico (2%) que del máximo histórico (16,77%).

También hay que tener en cuenta que, tal y como están diseñadas las hipotecas, al principio se pagan muchos intereses y poco capital prestado, mientras que al final se paga mucho capital y pocos intereses (que ya se han pagado). Esto significa que durante la primera mitad de la duración de la hipoteca estamos muy expuestos a las variaciones del tipo de referencia, ya que cuando se revisa una hipoteca suscrita a tipo variable lo que se hace es aplicar el nuevo interés al capital pendiente de pagar y aumentar la cuota mensual en consecuencia.

Por supuesto, una forma muy sencilla de reducir esta incertidumbre es optar por un préstamo a tipo fijo. Aunque sea una opción más cara, en estos momentos hay hipotecas a interés fijo en torno a un 6%, lo cual me parece un chollo comparado con el EURIBOR + 0,5 (5% variable), teniendo en cuenta que se puede subrogar el préstamo por otro variable si los tipos vuelven a caer a mínimos (Atención al tema de las comisiones por subrogación).

En cualquier caso, suponiendo que el/la joven de nuestro ejemplo y su pareja suscribieran una hipoteca de un importe de 250.000€ (lo que les piden por un piso monísimo que han visto), deberá suscribirla dentro de los siguientes límites:

  • Plazo máximo: 66 años (5% de interés medio), 55 años (6%) o 44 años (7,75%)
  • Cuota mensual máxima: 1026€ (33% de los ingresos netos de los ambos)

Conclusión: No pueden pagar esa hipoteca siguiendo las recomendaciones de los expertos. Si optaran por un piso más cutre, valorado en 150.000€ podrían pagarlo a 19 años con el EURIBOR a 4,5% de media (préstamo al 5%), en 22 con el EURIBOR medio en 5,5% (préstamo al 6%) y en 38 años si la cosa se pone difícil (préstamo al 7,75%). El problema es ¿qué piso se vende por 150.000€?

Bueno, tampoco hay que ponerse tacaños, la recomendación de los expertos es una recomendación. ¿Y si dedicaran el 70% de su renta disponible descontando los 5.400€ al año por persona para subsistir, eligiendo una vida miserable y al borde del abismo? Con todo ese dinero, podrían pagar el piso de 250.000€ en 23 años el EURIBOR a 4,5% de media (préstamo al 5%), en 28 años con el EURIBOR al 5,5% (préstamo al 6%), pero no podrían pagarlo con el EURIBOR a 7,25%. Sin embargo, existe el mismo problema: ¿qué clase de piso se vende por 250.000€?.

Pues según las estadísticas del Ministerio de la Vivienda, por 250.000€ deberíamos poder acceder a un piso de 66m2 en Madrid o de 72m2 en Barcelona (en ambos casos, de más de 2 años de antigüedad). Esas son las dimensiones de las casas a las que pueden aspirar con un sueldo medio en España dedicando todos los ingresos a pagarla. La pregunta es, ¿quiero vivir en uno de estos pisos el resto de mi vida?. ¿No será que están demasiado caros? os dejo un gráfico elaborado a partir de los datos de la evolución del precio de la vivienda desde 1995.

Evolución del precio de la vivienda en España (1995-2007)

Alquilar no es tirar el dinero, al menos con estos precios

Siguiendo con el ejemplo anterior, los 615.510,72€ de renta disponible para vivienda (recordemos, el 33% de sus ingresos) darían a nuestra ejemplar pareja para vivir (holgadamente) 70 años alquilados pagando 732,75€/mes, hasta que cumplieran 90 y suponiendo que no recibieran pensión de jubilación. Aunque no es demasiado dinero, teniendo en cuenta que el precio medio de la vivienda alquilada en España, en el último año (2006), fue de 7,20 €/m2 al mes, ese dinero les daría para alquilar una vivienda de 102m2 de media, 99m2 en Cataluña y 64m2 en Madrid (la cosa está muy malita en Madrid). Además el alquiler presenta algunas importantes ventajas:

  • Los alquileres se puede renegociar a la baja, como demuestran los datos, mientras que las hipotecas sólo se puede renegociar el plazo (aumentando la cantidad de intereses a pagar).
  • Si el piso se devalúa o la zona se degrada, y no te bajan el alquiler, puedes marcharte a otro piso. Si te equivocaste al comprar tu casa, o construyeron una incineradora 3 años después de comprarla, lo vas a tener más difícil.
  • Cancelar un alquiler sólo requiere un mes de preaviso antes del vencimiento de la anualidad, mientras que en el préstamo hay que pagar una comisión de cancelación anticipada y devolver el dinero que te prestaron.
  • Mientras que alquilado puedo vivir una vida sin problemas económicos, hipotecado tengo que dedicar la práctica totalidad de mis ingresos a pagar una casa que, para cuando sea de mi propiedad, habrá envejecido entre 20 y 50 años.
  • Las personas alquiladas no pagan el IBI.

La principal desventaja de vivir alquilado es que nunca tendrás una casa en propiedad, motivo por el cual hay que exprimir al casero hasta el último céntimo en la negociación… sobre todo en Madrid. Ya hemos comentado en ReadyForTomorrow cómo valorar una vivienda en alquiler. En el canal vivienda del blog encontrarás varios artículos sobre la materia.

Os dejo también la hoja de cálculo que he utilizado, que os servirá de referencia si estáis estudiando pedir una hipoteca. Está en formato OpenDocument, que es estandar ISO para documentos informáticos. Si no disponéis de un programa capaz de abrirlo, podéis instalaros la versión libre de la suite ofimática de Sun Microsystems desde Internet. También existe un plugin para Ms Office.

» Calculadora de Hipotecas

Estrategias de inversión para el pequeño ahorrador: Invertir en bolsa

La bajada de tipos de interés de principios de siglo y las altas rentabilidades acumuladas durante los últimos años han atraído hacia la Bolsa los ahorros de un gran número de pequeños inversores, deseosos de conseguir plusvalías. Hasta el Estado ha decidido invertir en Bolsa el excedente de las cotizaciones de la Seguridad Social para hacer frente a nuestras pensiones con los beneficios.

Sin embargo, la inversión en Bolsa es un juego peligroso. No me canso de ver inversores atrapados en valores de dudosa fiabilidad. Personas que no aprendieron la lección de Terra e invirtieron en Astroc. Por eso he recopilado los que considero son principios básicos para el pequeño inversor en una guía de supervivencia para invertir en bolsa.

Invierte sólo lo que te sobre, porque lo puedes perder

Seguramente el principio más importante para invertir en bolsa es que el dinero que vayamos a invertir sea nuestro y no lo necesitemos ni lo vayamos a necesitar durante los próximos 10 años, incluso en el caso de que tengamos una emergencia. También tenemos que ser capaces de asumir la pérdida en el caso de que la empresa quebrase de la noche a la mañana, como pasó con Enron.

En el caso de que os quepan dudas sobre alguna de los dos requisitos anteriores, será mejor que os mantengáis alejados de los mercados bursátiles, porque cuando lleguen momentos difíciles no tendréis libertad ni capacidad de maniobra y acabaréis malvendiendo vuestras acciones. Ni se os ocurra pedir dinero prestado para invertir, sólo faltaría perderlo todo y seguir pagando el préstamo más los intereses.

Sólo los ricos se hacen (todavía más) ricos

Hay que ser consciente en todo momento de nuestra condición de pequeño inversor. Mucha gente asocia la bolsa con historias de grandes pelotazos con los que la gente se enriquece de la noche a la mañana. Sin embargo, son pocos los que mueven suficiente dinero como para rentabilizar las fluctuaciones del mercado. A modo de ejemplo, una revalorización del 500% (realmente astronómica) para un inversor que hubiera invertido 2.000€ supondría unos beneficios de 8.000€, mientras que para otro que hubiera invertido 1 millón de euros representaría unas plusvalías de 4 millones (siempre antes de impuestos).

Además, el pequeño inversor debe asumir unos costes mayores en sus operaciones, ya que las comisiones mínimas por operación bursátil suelen ser el equivalente al de hacer operaciones por valor de 10.000€ o más (según la entidad) aunque no se mueva ese dinero. Motivo por el cual también se encarece la posibilidad de diversificar la inversión en diferentes valores, ya que se multiplican los gastos de gestión de la cartera. Si no podemos alcanzar el equivalente de inversión que corresponde con la comisión mínima por operación, conviene olvidarse de diversificar y centrarse en elegir los mejores valores del mercado como forma de protección contra el riesgo.

De igual modo, el pequeño inversor no tiene la misma capacidad para acceder y analizar la información financiera de las empresas, ni acceso a información privilegiada, ni fuerza en el mercado para influir en las cotizaciones. Por todos estos motivos, lo mejor es olvidarse del corto plazo, ya que el mercado siempre nos ofrecerá los “restos”.

Ten tu propio criterio, define una estrategia y asume las consecuencias de tus acciones

Cuando se trata de buscar información sobre la que basar una estrategia de inversión, el inversor independiente tiene muchos lugares donde acudir. Desde foros donde se “trapichea” con información privilegiada hasta medios de comunicación especializados, donde los expertos en mercados financieros revelan las claves que mueven la Bolsa. Todo el mundo parece saber dónde y cuándo invertir, pero los que arriesgamos dinero somos nosotros.

La primera regla respecto a la información bursátil es no creerse nada. Todo el mundo es parte interesada y los mercados financieros son (prácticamente) juegos de suma cero. Es decir, que cuando alguien gana es porque vende un activo, por más valor de lo que le costó, a alguien que está dispuesto a comprarlo a ese precio. Los únicos responsables de las decisiones que tomemos seremos nosotros mismos, así que antes de seguir cualquier recomendación resulta imprescindible contrastarla con los datos financieros. Si las recomendaciones de los analistas estaban equivocadas o la información que utilizamos no era tan privilegiada podremos consolarnos culpando a los demás, pero eso no nos devolverá el dinero.

Respecto a la información privilegiada, el problema es que no es fiable y, en el caso de ser cierta, pierde valor conforme se va difundiendo. Esto significa que siempre que se difunde es para manipular a los más incautos, bien sea porque directamente es falsa o bien porque se ha utilizado en beneficio propio y se busca multiplicar su efecto compartiéndola con otras personas. En cualquier caso, para cuando llega al pequeño inversor, aquellos que la utilizaron antes ya están recogiendo los beneficios, a nuestra costa, en una dinámica muy parecida a las estructuras piramidales.

No es de extrañar que los valores más especulativos sean el tema de conversación favorito en los foros de rumorología financiera. Mi recomendación es alejarse de estos lugares y de los valores de los que se hable mucho en comparación con su relevancia económica (es normal que se hable de las grandes compañías con regularidad).

Otro frente informativo lo protagonizan los expertos en mercados financieros, principalmente personas que trabajan para gestoras de fondos de inversión y otros analistas “independientes”. Desde su posición de expertos, ofrecen de forma “desinteresada” recomendaciones sobre dónde invertir, que los medios de comunicación especializados se encargan de divulgar. Estos expertos, que nos orientan sobre cómo invertir, también participan en el mercado. De hecho, viven de gestionar las inversiones de sus clientes para conseguir una rentabilidad por encima de la de los mercados en los que invierten. Creo que el conflicto de intereses es evidente, y su imparcialidad susceptible de ponerse en tela de juicio.

¿Alguien duda que antes de cambiar la recomendación de determinados valores de “Vender” o “Mantener” a “Sobreponderar” o “Comprar”, cualquier gestor sensato habrá comprado tantas acciones como halla podido? ¿O que cuando se revisa el precio “objetivo” (objetivo entendido como meta a alcanzar, no como precio real) no se está tratando de dar un empujoncito al valor? Más de una vez he observado como se deja de hablar de valores cuando son claras opciones de compra (valoraciones bajas y/o a punto de desembolsar cuantiosos dividendos) mientras se insiste en recomendar comprar otros que acumulan fuertes revalorizaciones. Estos “expertos” deberían aclarar, cuando hablan de buenas oportunidades de negocio, para quien son buenas, ya que no merecen demasiada confianza.

Evidentemente, estos “expertos” no pueden ofrecer malas recomendaciones a los inversores independientes, ya que tarde o temprano acabarían por perder su estatus y, con él, la posibilidad de influenciar la dinámica de los mercados en beneficio propio. En vez de eso, se suele optar por hablar de otros valores sobre los que ya se ha operado o se quiere operar, de modo que aumente la presión compradora o vendedora de los inversores independientes.

Para todo pequeño inversor, la mejor opción es definir una estrategia clara y ceñirse a ella, ignorando todo el ruido que nos llega desde los mercados.

Inversión a largo plazo

Ya hemos visto como el pequeño inversor tiene muy difícil aprovechar las fluctuaciones del mercado, y debe aferrarse a las tendencias. Lo cual implica que debe tener una mentalidad de inversión a largo plazo, entendida a 5 años vista o más.

Uno de los aspectos que mejor se pueden aprovechar del capitalismo es que su único objetivo es crecer, generalmente hasta colapsarse. El lema es superar los resultados económicos del ejercicio anterior, independientemente de las circunstancias de mercado. Las empresas que cotizan en bolsa lo saben bien y son expertas en lograr este objetivo cada año.

Esta huida hacia delante del capitalismo tiene un efecto acumulativo sobre el valor de las inversiones, hasta tal punto que incluso las peores crisis económicas se superan con el paso de los años hasta alcanzar nuevos máximos, y sufrir nuevas crisis.

En un entorno económico controlado y estable, como el que tenemos en la actualidad, se puede esperar obtener buenos beneficios incluso después de descontar los efectos de las crisis, guerras, etc. Estudiemos el efecto acumulativo de mantener una inversión en el tiempo. A continuación se muestra la evolución de la inversión de 100 unidades monetarias con una rentabilidad anual media del 8%.

100 -> 108 (+8) -> 117(+9) -> 126(+9) -> 136(+10) -> 147(+11)
 -> 159(+12) -> 171(+12) -> 185(+14) -> 200 (+15) -> 216 (+16)

Observe la rentabilidad crece exponencialmente con el tiempo. Hasta el punto de que al noveno año ya hemos doblado el valor de la inversión (sin contar los dividendos) y al décimo la rentabilidad anual es el doble de la que obtuvimos el primer año. En la vida real las proyecciones son mucho más favorables. Por ejemplo, Telefónica ha multiplicado su valor por 3,5 desde 1995 (12 años), si bien es cierto que ha habido altos y bajos, como puede observarse en el gráfico.

Si quiere hacerse rico puede conseguirlo, sólo necesita (mucho) tiempo. Así que cuanto antes empiece a invertir, antes lo podrá conseguir.

El precio de la acción no indica si está cara o barata

Otro principio importante es que el precio de la acción es irrelevante para el inversor. Una acción que cueste 100€ puede ser barata o cara, según los beneficios de la empresa y la rentabilidad por dividendo que ofrezca. Como inversor, me da igual invertir 1000€ comprando 100 acciones de 10€ o 10.000 acciones a 0,1€ si ambas me ofrecen una rentabilidad el 3%. Elija una opción u otra obtendré exactamente el mismo beneficio en Euros.

El pequeño inversor suele percibir poco potencial de revalorización y mucho riesgo en acciones por encima de 50€ mientras que percibe poco riesgo y mucho potencial de revalorización en acciones por debajo de 5€, donde “es difícil que caiga más abajo” (el suelo está cerca) y “a nada que suba 50 centimillos, ya gano el 10%” (pequeños incrementos suponen fuertes variaciones). Cuanto más barato el valor, mayor variación porcentual supone un céntimo arriba o abajo, y más duros hay que ser por arañar hasta el último.

Invertir sólo en empresas que den dividendos

El tipo de empresa que no da dividendo es aquella que no logra obtener beneficios (empresas de nueva creación y/o con problemas como, por ejemplo, Banesto desde su casi quiebra hasta 2006) o la que ha decidido no hacerlo. En cualquier caso se trata de una mala elección para invertir. Si no hay dividendo, el valor debería quedar descartado para un pequeño inversor.

Aunque el primer caso (invertir en una empresa en pérdidas) parece bastante obvio, el segundo no siempre lo es. Al fin y al cabo, si la empresa genera beneficios pero no da dividendo (como, por ejemplo, Google), todo el dinero que se tendría que destinar a la retribución al accionista quedará disponible para que la empresa lo reinvierta en generar más beneficios en el futuro, y crecer más rápidamente. El pago de dividendos merma la capacidad de revalorización de la acción así que, ¿por qué debería el inversor preferir el dividendo en efectivo?

La respuesta a la pregunta se resume en que los beneficios por la revalorización del valor de la acción no lo son hasta que se venden las acciones. Mientras, están expuestos a crisis económicas, fluctuaciones de la bolsa, malas decisiones empresariales, sanciones por violación de las leyes, ataques de otras empresas, etc. El dividendo cobrado queda fuera del ámbito de la empresa y, por tanto, a salvo de futuros acreedores: Permite recuperar parte de la inversión, minimizando el riesgo de pérdida del capital inicial, y ofrece al pequeño inversor la libertad de hacer lo que considere mejor… incluso reinvertirlo en la empresa.

Invertir sólo en empresas GRANDES

A la hora de elegir valores, es preciso elegir compañías grandes y, preferentemente, que coticen en los índices bursátiles más importantes. Estas compañías, los pilares de la economía, son objeto de constantes auditorias por su importancia y tamaño. Esto garantiza al pequeño inversor que 1) Es más difícil ocultar la situación real de la compañía, y 2) Si la empresa va mal es porque el futuro es negro para todos.

¿Alguien se imagina a Telefónica o BBVA en pérdidas? Si llegase el caso, mi inversión no valdría nada independientemente de dónde hubiese invertido y, probablemente, mi dinero ya no tendría el valor que tuvo e, incluso, es posible que no pueda sacarlo del banco. Sin embargo, sí es posible que la actividad delictiva de un gestor acabe arruinando una pequeña empresa y los inversores ni se enteren. O que esa misma empresa cierre por no poder seguir ofreciendo productos competitivos sin que la economía se resienta (exceptuando la de los pobres trabajadores).

Que un valor cotice en un gran índice no garantiza que la empresa no pueda quebrar, sólo que es más difícil que lo haga por sorpresa. De ahí la importancia de invertir en estas empresas, pero también la importancia de estar dispuestos a perder toda nuestra inversión. Sin embargo, que un valor cotice en un gran índice no es suficiente para considerarlo una buena inversión… Hay que fijarse bien tanto en el PER como en su rentabilidad por dividendo.

PER: Ratio precio / beneficio

El PER es el resultado de dividir el precio de la acción entre el beneficio por acción de la empresa. Si, por ejemplo, una empresa ha ganado 1€ por acción en los últimos 12 meses y cotiza a 12€, su PER será de 12€/ 1€ = 12. Visto de otro modo, el PER nos indica el número de años que serían necesarios para que la empresa pudiera comprarse a sí misma si se mantuvieran beneficios y precio constante. Si dividimos 1 entre el PER, obtendremos el porcentaje de rentabilidad de la empresa a precios de mercado, en el caso anterior 8,33%.

Casi todos los sitios de información bursátil informan del PER de cada valor, con lo cual es un dato fácil de conocer. Por lo general, se considera que un buen PER para comprar entre 10 y 15, aunque hay que tener en cuenta que es un indicador potencialmente engañoso. Por debajo de 10 puede significar que la acción está infravalorada, pero también que los beneficios de la empresa están en claro declive. Por encima de 20 puede indicar que la acción está sobrevalorada, pero también puede indicar que la empresa está incrementado considerablemente su capacidad de obtener beneficios (aunque como todavía no se han publicado, el PER es alto).

PERs altos suelen indicar acciones sobrevaloradas y/u oportunidades perdidas, con lo cual estos valores no suelen ser de interés. Los valores interesantes para comprar son los de PER menor de 15, pero sabiendo diferenciar lo barato de la morralla.

Rentabilidad por dividendo

La rentabilidad por dividendo es el resultado de dividir la suma de dividendos entregados por acción durante los últimos 12 meses entre el precio de la acción. Al igual que el PER, es un dato que se publica con frecuencia y suele rondar el valor de los tipos de interés. El motivo es sencillo. Si la rentabilidad de invertir en bolsa es superior a la de tener el dinero en el banco, todo el mundo compraría acciones… hasta el punto en que los precios subirían tanto (por la demanda) que dejaría de ser más rentable. Entonces el dinero volvería a los bancos, por el riesgo que implica la bolsa. Este es, a grandes rasgos, el ciclo de los mercados.

En el caso de la empresa del ejemplo del PER anterior, si decidiera distribuir dividendos entre sus accionistas por valor de 0,8€ por acción y el precio se mantiene en 12€, la rentabilidad por dividendo sería del 6,67%, bastante por encima del IPC.

Un buen valor es aquel que ofrece una rentabilidad por dividendo ordinario por encima los tipos de interés y del IPC. Hago especial énfasis en lo de dividendo ordinario, ya que en ocasiones las empresas generan plusvalías puntuales no relacionadas con la actividad principal de la empresa que inflan artificialmente la rentabilidad por dividiendo en los 12 meses siguientes a producirse y reducen el PER de la compañía.

Aunque la rentabilidad por dividendo fluctúa, suele mantenerse cerca de los tipos de interés. Sin embargo, las empresas aumentan constantemente sus beneficios, año tras año. Esto significa que, por lo general, la rentabilidad por dividendo de una inversión crece junto al precio de la acción a lo largo del tiempo, igual que crecen los beneficios de la empresa (suponiendo que todo marche bien). Veamos un ejemplo: Ud. compró Endesa en 2002 a 10,85€ y una rentabilidad del 6%. En 2007 Endesa vale 40€. Con una rentabilidad del 6% a precios de hoy, y con una rentabilidad del 24% respecto los precios a los que Ud. compró. ¡Le felicito! Ni las hipotecas suben tanto.

Evaluar cada valor según el perfil del inversor. El Ratio Fundamental

A continuación describiré lo que he decidido denominar “Ratio Fundamental”. Se trata de un sistema para valorar el atractivo por fundamentales de los valores en bolsa a partir de su rentabilidad por dividendo y PER, con independencia del precio al que coticen.

Para calcularlo tan sólo hay que hacer la media entre:

  1. La rentabilidad por dividendo multiplicada por el precio (Hay que tener en cuenta que el 3% es 0,03).
  2. El precio dividido por el PER.

Una vez calculada la media, hay que dividirla entre el precio de la acción y multiplicarla por 100 para obtener un %.

A pesar de su sencillez, este sistema permite al pequeño inversor tener un criterio propio y objetivo sobre sus opciones de inversión, sin depender de analistas “independientes” ni pagar a gestores de fondos. Cada uno puede decidir qué Ratio Fundamental mínimo debe tener un valor para invertir en él. Según mi criterio, a partir del 5% estamos ante una buena oportunidad de compra.

También permite ajustar el ratio al perfil del inversor ponderando el peso de los factores utilizados en la media. Un inversor más conservador dará más peso a la rentabilidad por dividendo multiplicada por el precio, mientras que otro más especulador dará más peso al precio dividido por el PER.

A continuación adjunto a modo de ejemplo un resumen con los Ratios Fundamentales de los valores que componen el IBEX-35 y algunos otros valores seleccionados del mercado continuo a 18 de junio de 2007.

Ticker Último Rt/Div PER Ratio F.
COL	3,95	11,42%	16,41	8,76%
SAB	8,16	10,17%	15,01	8,42%
MVC	80,85	2,04%	9,02	6,56%
SAN	13,87	3,75%	11,25	6,32%
ELE	39,99	6,49%	16,33	6,31%
A3TV	15,53	5,47%	14,65	6,15%
TL5	21,57	5,94%	16,1	6,08%
BBVA	18,43	3,46%	11,63	6,03%
REP	28,87	3,33%	11,99	5,84%
ACX	18,89	2,12%	11,08	5,57%
TEF	16,51	3,63%	13,47	5,53%
POP	14,22	3,45%	13,6	5,40%
MAP	3,63	2,48%	12,52	5,23%
FCC	70	2,64%	14,45	4,78%
IDR	18,12	4,08%	19,15	4,65%
BTO	17,69	2,54%	15,36	4,53%
SYV	38,58	1,30%	14,21	4,17%
ACS	48,02	1,67%	16,33	3,90%
BKT	65,15	1,98%	17,42	3,86%
ENG	18,53	2,32%	18,53	3,86%
REE	34,15	2,30%	19,19	3,76%
IBE	44,7	2,17%	21,75	3,38%
ALT	50	2,10%	21,46	3,38%
UNF	41,71	0,96%	17,35	3,36%
GAS	44,37	2,03%	21,5	3,34%
ABE	23,51	2,13%	22,49	3,29%
IBLA	3,83	0,52%	17,49	3,12%
ITX	44,85	1,49%	23,77	2,85%
AGS	26,9	1,62%	26,87	2,67%
FER	73,95	1,35%	25,64	2,63%
GAM	27,6	0,75%	25,9	2,31%
ANA	204,8	0,52%	26,04	2,18%
NHH	16,77	0,00%	26,65	1,88%
SGC	29,94	0,00%	59,88	0,84%
CIN	11,89	0,00%	0	0,00%

Conclusiones

A grandes rasgos, todo lo expuesto constituye la que creo es la mejor estrategia que puede adoptar un pequeño inversor que no quiera salir trasquilado de juego de la Bolsa. Espero que mis consejos, que os resumo a continuación, os ahorren malas experiencias. Como siempre, cualquier comentario es bienvenido. Buena suerte.

  • Toma tus propias decisiones, y responsabilízate de sus consecuencias. Esto incluye el decidir seguir los consejos que un desconocido, que ni siquiera es economista, da en un blog.
  • Invierte sólo dinero que te pertenezca, estés 100% seguro de que no vas a necesitar en los próximos 10 años y estés dispuesto a perder en el próximo crack de la bolsa.
  • Invierte en valores clave para la economía y de alta capitalización. A ser posible que pertenezcan a algún índice importante como IBEX 35, EUROSTOX 50, S&P500, NIKKEI.
  • Consulta las estimaciones de resultados para el año en curso y el siguiente, e invierte sólo en aquellos que tengan expectativas de crecimiento de sus beneficios.
  • Invierte sólo en empresas que den dividendo y, preferentemente, con una rentabilidad por dividendo ordinario mayor que el IPC.
  • Calcula el Ratio Fundamental de los valores que te interesan, y compáralo con el de otros valores para conocer las opciones de inversión más rentables del momento. Invierte preferentemente en valores con Ratio Fundamental mayor de 5%.
  • Revisa con lupa aquellos valores con Ratios Fundamentales altos, especialmente en lo que respecta a beneficios extraordinarios y splits en los últimos 12 meses.
  • Ten MUUUUUCHA paciencia para recoger los frutos de tu inversión. Hay que aprender a no dejarse llevar por el pánico en los momentos de crisis (ya que nuestras inversiones estarán en empresas sólidas) ni por la codicia en los momentos de bonanza (cuidado con las modas y los rumores).
  • No olvides pagar tus impuestos.

La propiedad de las Ideas y el daño que las patentes hacen a la sociedad

En ciertos momentos siento que el mundo, en su infinita complejidad, se vuelve maleable. Que aparecen fisuras en su petrificada superficie y la gente empieza a forzarlas. Primero unos pocos con sus manos desnudas, pronto se incorporan más, y empiezan a traer palancas. Momentos en los que “las cosas dejan de ser como son”, en que las verdades se convierten en opiniones y descubrimos que existen otras formas de hacer las cosas, otras realidades que son posibles.

Quizás es un sentimiento similar al que sintieron los primeros renacentistas, o los hijos de la patria durante la Revolución Francesa. Algo en mi interior me hace pensar que yo también participaré en acontecimientos que cambiarán el rumbo de la historia, y que se estudiaran en las escuelas del futuro. Una revolución que, como todas, enterrará un sistema que se basa en la desigualdad y la injusticia y que, de completarse, cambiará el destino de la humanidad.

La víctima, esta vez, será la filosofía capitalista, y todas las herramientas que ha creado para perpetuarse a costa de la sociedad en la que habita. Una de estas herramientas es la legislación sobre “propiedad intelectual”. Ámbito donde se ve claramente el divorcio entre los capitalistas y la sociedad, y donde la lucha ya ha comenzado.

Invertir en ideas

Todo el mundo ha oído hablar de las patentes. Se supone que sirven para proteger a los inventores y fomentar el desarrollo tecnológico. Seguramente en sus inicios, en torno a siglo XVII y XVIII, así fuera. Sin embargo, hoy en día el sistema se ha pervertido, y se utiliza para fomentar todo lo contrario.

Las patentes se diseñaron para proteger soluciones nuevas a problemas técnicos, es decir, diseños concretos. Se puede patentar el diseño de un cepillo de dientes, pero no el “cepillo de dientes”. El problema es que esta distinción es cada vez más difusa, y los grandes patentadores tienen, cada vez más, a solicitar patentes genéricas, más cercanas a la idea de “cepillo de dientes” que al caso concreto de un “cepillo de dientes”

El motivo de esta tendencia es, a mi entender, claro: Reducir la competencia. Los grandes intereses privados no se cansan de difundir su mensaje de lo bueno que es el sistema capitalista, de la riqueza y bienestar que ha generado, mientras poco a poco van eliminando los mecanismos encargados de controlarles, que impiden que expolien a sus anchas a la sociedad. Uno de esos mecanismos es la libre competencia.

Al fin y al cabo, la propiedad industrial/intelectual es un monopolio que concede el Estado al inventor/autor basado en el “supuesto” interés público de promover la difusión de dicha tecnología/información. Su carácter monopolístico es precisamente lo que les confiere valor económico, ya que el Estado otorga protección legal a los autores/inventores y pone a su disposición todos sus recursos para preservar el derecho de estos a excluir a otros del uso del producto/proceso patentado o la obra protegida.

Esta protección, que puede parecer positiva, en realidad no beneficia a nadie. En primer lugar, se ralentiza el proceso de innovación, dado que hay que rentabilizar al máximo la inversión realizada en I+D, haciendo que se sigan utilizando tecnologías obsoletas en detrimento de otras mejores y más novedosas, al menos hasta que finalice la concesión de la patente más vieja.

Por otra parte, burocratiza la innovación al hacer necesario un buen asesoramiento legal para no infringir alguna patente. También hace posible que empresas con los recursos suficientes puedan ahogar el esfuerzo de los pequeños innovadores en juicios que, además, sobrecargan el sistema judicial.

Dado que las oficinas de patentes no hacen mucho por comprobar la legitimidad de las solicitudes que reciben, aceptando casi cualquier cosa, no es de extrañar que exista un alto número de patentes activas, suficientemente ambiguas como para que, sea lo que sea lo que se comercialice esté garantizado que se infrinja alguna patente.

Si una empresa logra tener suficiente éxito no pasará mucho tiempo hasta que otros intenten aprovecharse, como pasó en el caso Blackberry.

Las patentes, ya sean de software, biotecnología o cualquier otra índole, privatizan el conocimiento, acentuando las desigualdades sociales y geográficas. Son armas para la guerra comercial internacional; sinónimo de mayores costes y menor calidad para los consumidores. Por eso es fundamental frenar su desarrollo.

En estos momentos, la legislación europea no permite patentar ideas, motivo por el cual en Europa no se producen casos como los de EE.UU. Sin embargo, nuestros políticos, que supuestamente defienden los intereses de la ciudadanía, están determinados a actuar en contra de los mismos intereses que se comprometieron a defender.

Durante años se ha estado intentando aprobar en el Parlamento Europeo leyes similares a las norteamericanas para extender el ámbito de aplicabilidad de las patentes. Leyes que, de aprobarse, sólo añadirán trabas a la competitividad en mercados que funcionan perfectamente sin ellas y que, además, representan sectores críticos para la competitividad Europea (precisamente por no estar regulados). Si queremos un futuro asequible para todos será mejor que nos aseguremos de que las patentes no se extiendan a nuevos ámbitos de aplicación (biotecnología, software) . Estemos atentos, porque los partidarios de la patentabilidad volverán a intentarlo.

Desventajas de encontrar un empleo estable

El trabajo por cuenta ajena (comúnmente conocido como asalariado) no ofrece grandes expectativas de futuro. A finales de 2005, el número total de personas ocupadas era de 18,9732 millones, según la Encuesta de Población Activa. Ese mismo año, el Producto Interior Bruto del país fue, según los datos de INE, de 905.455 millones de euros. Es decir, que cada español en activo generó una media de 47.722,84€ ese año.

Lo más probable es que tu salario, si eres trabajador por cuenta ajena, esté por debajo de esos cuarenta y siete mil euros. No te sorprendas, en España los salarios, directivos incluidos, sólo representan el 47% del PIB (fuente INE). El resto de la riqueza generada se la quedan las empresas, que cada año quieren más. Como muestra un botón: Desde 1999, el PIB ha crecido más que los salarios, que cada vez representan un porcentaje menor frente al crecimiento de la economía.

Si eres uno de esos 15 millones de españoles que tienen un trabajo por cuenta ajena sólo quisiera agradecerte que seas tan generoso, cediendo una parte tan importante del valor que generas cada día a personas que son más ricas que tu. ¡¡Eso es verdadera solidaridad!!

Trabajar para otros

Supongo que la gente asalariada no se para a analizar cómo se gana la vida. Simplemente consiguen un trabajo llegada una edad, y empiezan a ganar una cantidad determinada de dinero a cambio de ofrecer a la empresa sus servicios una determinada cantidad de horas al mes. Esto, que puede parecer una buena idea de ganarse la vida, es lo peor que puede hacer una persona medianamente inteligente.

La principal pega ya la conocéis, no existe una correlación entre el valor que el trabajo de los empleados genera para la empresa y lo que la empresa les paga. La empresa siempre paga menos, de otro modo no obtendrían beneficios.

Bajo este tipo de sistema retributivo, cuando desarrollamos algo que suponga un beneficio para la empresa lo más probable es que no disfrutemos de una recompensa acorde al beneficio creado. Seguiremos cobrando nuestro sueldo por las horas trabajadas y, en el mejor de los caso, recibiremos un bono o incluso hasta un aumento si lo hacemos con cierta regularidad. Sólo aquellos que son empresarios disfrutan de toda la recompensa de su trabajo.

Yo mismo cree un sistema que calculaba con total precisión los incentivos por compra de todos los clientes. Este sistema, que no era más que una compleja hoja de cálculo, le ahorró a la empresa en la que trabajaba casi 9.000 euros al año, sin contar las horas de trabajo ahorradas gracias a la automatización. ¿Cuando de todo ese valor, que creé en unas 8 horas (extra, por cierto) de trabajo, repercutió en mi? Os lo diré: 0,00€. Así que, ¿por qué molestarse?. Si la empresa hubiera sido mía, habría valido la pena.

Dejando a parte de la limitada rentabilidad de ser empleado por cuenta ajena, también hay que tener muy presente que serlo es extremadamente peligroso.

Curiosamente la gente percibe que trabajar por cuenta ajena es poco arriesgado mientras que trabajar por cuenta propia es muy arriesgado. ¡¡¡En realidad es todo lo contrario!!! ¿O acaso no es arriesgado ponerse en una situación en la que otra persona puede privarte del 100% de tus ingresos instantáneamente tomando la decisión de despedirte?

No existe seguridad si no se tiene el control de la situación, y os garantizo que los empleados por cuenta ajena tienen menos control que nadie sobre sus ingresos. Además, ¿qué es más seguro, tener una única fuente de ingresos o tener varias?

Estos no son, ni mucho menos, los únicos problemas de ser asalariado. Quizás el más peligroso para el “espíritu” es el hecho de que, al elegir trabajar por cuenta ajena, el individuo renuncia a elegir qué actividades realizar y a auto-organizar su trabajo. En definitiva, renuncia a su libertad: Aceptamos trabajar unas horas determinadas, según unas normas determinadas, haciendo unas cosas determinadas una y otra vez dentro de los plazos previstos.

Entramos en un entorno diseñado para domesticarnos. Regido por normas absurdas y con la amenaza siempre presente de ser disciplinados si no las cumplimos. El horario, la vestimenta, los procedimientos internos de control, los temas de conversación adecuados entre compañeros de trabajo…

Si no te atreves a decirle a tu jefe lo que verdaderamente piensas de las cosas que suceden en el trabajo, hace tiempo que dejaste de ser libre. Desde el mismo momento en el que firmaste el contrato de trabajo pasaste a formar parte de una organización oligárquica, donde los valores democráticos, por los que tanto se ha luchado en la esfera política, carecen de valor y no tienen cabida.

Cuando eres empleado de una empresa (y no “por” la misma, interesante matiz lingüístico) te puedes ver en la obligación de trabajar con superiores que se comportan de manera estúpida, maleducada o grosera. Te ves también en la obligación de mendigar una subida de sueldo, llegando al punto de hacer increíbles sacrificios para demostrar que lo mereces. Este tipo de situaciones no se dan cuando eres tu propio jefe. Si un cliente no te gusta, no tienes que trabajar con él. Si quieres más dinero, aumentas tus precios y si a alguien le parece mal, no hay que dedicarle ni un minuto más de tu tiempo.

Demasiado tiempo como asalariado, trabajando en un entorno que anula nuestra libertad, acaba por convertirnos en dependientes de nuestro propio trabajo en el sentido de que, con el tiempo, habremos limitado el rango de cosas que sabemos hacer a aquellas que hayan sido útiles para nuestro empleador. Con unas habilidades mermadas, y la voluntad quebrantada, los trabajadores quedan a merced de sus empleadores, quienes no dudarán, llegado el momento, en congelarles el sueldo y despedirlos/pre-jubilarlos tan pronto se demuestre que es una opción rentable.

Auto-empleo: Una vía de escape para una vida plena

¿Es posible ganarse la vida sin la necesidad de un empleo? ¡¡¡ Por supuesto!!! Sólo hay que encontrar una forma alternativa de generar ingresos. Por lo general, haciendo algo que nos apasione.

Ten en cuenta que los ingresos se consiguen no por el tiempo que trabajas, sino por el valor que generas para otros. Aunque las empresas paguen a sus empleados por tiempo trabajado, contratan personas capaces de generar ese valor.

Si tienes (o has tenido) un trabajo, ya has demostrado que eres capaz de generar valor para otros. Lo “único” que te resta por hacer es encontrar la manera de proporcionar el máximo valor posible a aquellas personas que más se pueden beneficiar de él, y cobrarles un precio razonable.

Seguramente te lleve tiempo y un gran esfuerzo, pero la recompensa merece la pena. Lo único que separa a cualquiera de una vida en la que gane más dinero y trabaje menos horas es el miedo a intentarlo.

Te planteo dos preguntas: ¿por qué trabajas en lo que trabajas? y ¿a qué te dedicarías si tuvieras todo el dinero que puedas necesitar? Si las respuestas a ambas preguntas no están en consonancia, te animo a conseguir que así sea:

Lo lograron porque nadie les dijo que era imposible
– Sabiduría Popular –

Algunos sitios para empezar:

 

O si no quieres cambiar de vida: